¿Intuía Hannah Hoch el Putsch del 23?

Se habla siempre de la intuición como una virtud vinculada a la mujer, de ser así Anna Therese Johanne Höch puso a pleno rendimiento la suya cuando en 1919 titulaba uno de sus más famosos collages “Cut with the Kitchen Knife through the Beer-Belly of the Weimar Republic”.

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La historia nunca contada de por qué escribí “La historia nunca contada de las mujeres que escribían”

Más que una tarea del curso es una tarea pendiente conmigo misma. El otro día uno de los compañeros se quejaba amargamente de por qué el repaso de la herstoria se centraba en figuras foráneas y despreciaba las nacionales. No creo que hubiera nada de eso, seguramente en la gran historia de la ciencia, de la cultura, de los movimientos sociales son más los nombres de figuras internacionales que autóctonas. Como no tengo ninguna necesidad de apropiarme en nombre de mi país de la historia del feminismo, valoro en igualdad de condiciones las aportaciones de las mujeres y los hombres de distintas latitudes y es más, me hace reflexionar a modo de un timeline sobre en qué momento llegó la madurez para este tipo de reivindicaciones y si siempre estuvieron ahí y no hemos sabido escuchar con atención todo lo que se saliera de la cultura mainstream. Quizás -quizá, no me vaya a leer la santa de Ávila que aborrecía la “s” en el adverbio por considerarla vulgarizante-, sea hora de pensar en si lo que ha llegado hasta nuestros días en forma de obras pictóricas, piezas literarias o personajes históricos relevantes no son más que los que sobrevivieron a la conveniente purga de lo incómodo que realiza la historia sin que lo detectemos o con nuestra entusiasta colaboración.

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¿Hay que dar voz a los negacionistas?

Más que nunca surge hoy el debate de si todas las informaciones, si todas las opiniones tienen la misma validez, si lo más ético es abrir los micrófonos a todas ellas o si no es lícito, incluso es peligroso legitimar opciones ideológicas que promueven la violencia de género, por ejemplo.

Fuente: http://redfox.london/media/zoo/images/artworkimages764609947georgegrosz_ab044a5ace93ff9f7388705e06baaf29.jpg
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Sororidad, una extraña palabra

Una de las primeras sorpresas al abrir este blog es que la sororidad sigue sin ser retratada o reconocida como práctica social al menos visualmente, pues en el buscador de buscadores al intentar localizar fotos libres de derechos y reutilizables, apenas hay imágenes, o mejor dicho, las que hay se limitan a una parte mínima, confusa y teñida de falsa ideología, asociada a las manifestación del 8 de marzo, como si la hermandad entre mujeres, ese vínculo que nos une fuera cosa de unas pocas a las que sus detractores califican de feminazis. Quizá hoy una horda de fotógrafos altruistas se haya decidido a subir contenidos gráficos con la etiqueta de sororidad y me esté ahora mismo equivocando al escribir este post, o tal vez sea la Real Academia Española de la Lengua la que, al no reconocer esta voz hasta 2018 no haya dado carta de naturaleza a la expresión.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Albert_Joseph_Moore_-A_Summer_Night-_Google_Art_Project.jpg

A partir de ahí la perplejidad continúa, porque descubro una doble dimensión de la Igualdad, porque según el quiz de #AprendeIgualdad España está por encima de la media en la UE -imagino que desde una perspectiva normativa y teórica, porque la realidad es tozuda y por eso sólo un 12% de las empresas de nuestro país cumplen el mandato de contar con Planes de Igualdad. Parafraseando a Cernuda nos debatimos entre la realidad, la pertinaz e incómoda desigualdad cotidiana y el deseo que todos, incluso aquellos que aún no lo saben tenemos de ser más inclusivos.

Porque se nos llena la boca de admiración con el modelo sueco de paridad parlamentaria, pero luego estamos más cerca de Liechtenstein a la hora de reconocer el voto femenino, confundimos sexo y género e incluso, hay quien piensa que Igualdad se traduce en molestas abstracciones a las que no hay que hacer caso sin darse por aludido con la Ley Orgánica 3/2007 o peor aún quienes no se sienten concernidos por lo que creen es un fifty-fifty a la fuerza, entre hombres y mujeres, donde se acepta a éstas por obligación y no por los méritos que acompañan a sus trayectorias profesionales. Son los y las –que también las hay– de “yo no creo en la Igualdad, yo creo en el talento”, refugiándose en la esperanza de que esa virtud siga reservada en exclusiva a los hombres.

Lamentablemente debemos decirles que no hace falta que busquen semejantes subterfugios, los años les terminan dando en la mayoría de los casos la razón, pues en muchas ocasiones la maternidad termina convirtiéndose en un lastre para el desarrollo profesional de muchas de nosotras, una renuncia en pro de éste y finalmente un argumento de rancio ataque contra las que voluntariamente decidieron no ser madres, achacándoles que es presunta falta de compromiso en su vida personal se podría extrapolar a la vida profesional o que sencillamente no encajan con el modelo de sociedad detrás de muchas empresas. No hay opción buena.

Por eso, aunque de manera optimista he pensado al leer irreflexivamente que en 2078 la Igualdad será cosa hecha, no me desencaja en exceso ese estudio que la relega hasta 2186 o que la no discriminación” en materia salarial surgiera a partir de los intentos de la UE de poner freno a la deslocalización de las empresas.

Quizás es hora de que, en lugar de exhalar un suspiro de alivio por no estar a la cola de la tabla del Índice de Género de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS),

miremos a los que ocupan las primeras posiciones y pensemos en que ya basta de desnucarnos envidiando a quien lo hace bien y pongamos más de parte de cada cual en crear los cimientos de una sociedad más justa para todas y todos.

Por si quieres medir tu cultura igualitaria, juega a conocerte un poco más, porque aceptar la nescencia es empezar a superarla.

 

 

 

Presentarse siendo mujer

Soy Alicia y trabajo para el Ministerio de Ciencia e Innovación. Me interesa la perspectiva de género y he procurado llevarla como una más de mis habilidades profesionales allá donde he ido, fuera en ONG’s, instituciones oficiales o empresas privadas. No es ningún mérito, siendo mujer no tengo otro remedio, aunque siendo simplemente un ser humano concienciado, tampoco.Sigue leyendo “Presentarse siendo mujer”

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